30 de Diciembre de 2004. Una crónica.

30 Dec

Material recauchudado, pero me pareció interesante volver a leerlo después de tanto tiempo…esta es una crónica que escribí para el desaparecido diario online Nuevos Periodistas (¡año 2005!). 

Para reflexionar y no olvidar.

Cromañón.Que no se repita. 

“Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena surte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba…”
Eduardo Galeano

El comienzo de la tragedia Jueves 30/12/04, 22.40, República Cromañón, Plaza Once.

-Bueno ya escucharon, no jodan con las bengalas. No tiren nada, somos muchos y esto es un lugar cerrado. ¿Se van a portar bien?- Preguntó Pato al público. -¡Sí!- Respondió unánimemente un público extremadamente excitado.

Callejeros empezó a tocar. Estos pibes simples, de barrio, empezaron los acordes del primer tema que dio inicio al tercer y último show de la seguidilla que llevaron a cabo en República Cromañón, para despedir el excelente 2004 que los había acompañado.

Medio tema y todo se fue al carajo. Dos minutos y medio que cambiaron todo. Dos minutos y medio que sirvieron para destapar la corrupción, los abusos y la mediocridad en la cual nos encontramos inmersos como pueblo desde hace 195 años.

La luz se corta, las llamas empiezan a devorar todo lo que encuentran a su paso. Una nube de cianuro se expande por los aires; abajo, en el suelo, la gente corre desesperada para cualquier lado. No importa la dirección, todos quieren salir, todos quieren respirar un poco de aire. El veneno le gana al oxígeno. Todos quieren salir para ganar el premio mayor: seguir vivos. En esta macabra competencia, se pisan los unos a los otros, se pasan por arriba como si fuesen alfombras que tapizan el piso de algún living.

Afuera la gente grita desesperada, buscando a sus seres queridos. Todo es caos, todo es confusión. Nadie entiende todavía que pasó, ni porqué, tampoco se sabe la magnitud del hecho. Chicos, adolescentes, adultos (algunos de ellos con niños en brazos) continúan saliendo del lugar. Muchos están llorando o en shock, otros llegan a la salida, caminan dos pasos y se dejan caer. Algunos de los que salen toman una bocanada de aire y vuelven a entrar para luego salir con personas a cuestas. Personas que no conocen, ni conocieron y capaz que tampoco nunca conocerán. Anónimos; perfectos desconocidos. Todos corren, todos gritan.

Empieza a llegar la policía, los bomberos, las ambulancias. Lo inimaginable se está materializando y empieza a quedar al descubierto nuestra falta de precaución y cuidado, nuestro caretaje como sociedad. Las ambulancias son insuficientes, entonces empiezan a llegar las que mandan los hospitales, clínicas y centros de atención privados. También los celulares de la policía, acaso improvisadas ambulancias. Se suman algunos taxis, que sin cobrar un peso, se ofrecen a transportar a los heridos y a los familiares a los distintos hospitales. Todos a los hospitales. Todos en emergencia.

A medida que los segundos corren, las posibilidades de encontrar gente con vida se hace más difícil. Un pilón de cadáveres, todos jóvenes muy jóvenes, yace en la vereda.

Los medios de comunicación allí presentes, en su áfan y “deber de informar”, entorpecen la tarea, le agregan mucha más tensión y nerviosismo a la situación y a los allí presentes. Las imágenes propagadas por la televisión son crudas y desgarradoras. Se suceden las unas a las otras, conmoviendo a los trasnochados televidentes. Las imágenes reales, aquellas que vemos en vivo y en directo aquellos que estamos presentes en Plaza Once son mucho más nefastas. Mucho más desgarradoras.

Los familiares y amigos comienzan la travesía. Recorren todos los hospitales en busca de su gente. Algunos los encuentran, otros no. Algunos reciben el milagro, otros la peor noticia. Ante semejante situación al Gobierno no le queda otra que habilitar el CGP Nº2 para concentrar ahí la información. La gente se dirige allí desesperada, esperanzada, confundida. Todos quieren saber donde están los suyos.

La información se hace esperar muchas horas. El dolor, el desconcierto y el calor se encargan de acelerar el aniquilamiento de aquellos que ya empezaron a aniquilarse ni bien recibieron la noticia. El día después El último día del 2004 amaneció enlutado. Todos hablan de la tragedia. Está en la tapa de todos los diarios, está en todos y cada uno de los canales de televisión por aire (que transmitieron ininterrumpidamente desde el momento en que se hizo público) y principales canales de noticias.

Las cifras empiezan a llover. 175 muertos, más de 700 heridos y cualquier cantidad de desaparecidos. Todos estamos indignados. Es hora de empezar a buscar culpables.

Manos a la obra.

Chaban se convierte en el hombre más buscado del país, con pedido de captura nacional e internacional. El es el dueño de Cromañón, la rata que por unos pesos de mierda le saco la vida a casi 200 personas. Hacen allanamientos al mejor estilo Policías de Nueva York en su busca. ¡Cómo trabaja la Federal, esto si que es un país en serio! Lo encuentran, lo detienen, lo trasladan a la 7º. Ya esta, capturamos a uno de los principales sospechosos en la causa… ¡Pero ojito eh, hay que hacerlo quedar como el verdadero y único malo de la película! No vaya a ser cosa que el proge de Ani y su pogre Gobierno Porteño vayan a quedar pegados. Mucho menos que el zurdito Gobierno Nacional vaya a quedar pegado.

Mientras tanto las imágenes de padres desesperados no paran de desfilar. En la puerta de los hospitales y en la puerta del CGP, hermanos, amigos, padres, tíos, amigos de los padres, padrinos, no paran de mostrar las fotos de sus seres queridos una y otra vez. No paran de repetir las señas particulares de cada uno de los chicos, permitiéndose mantener la llamita de la esperanza prendida ya que todavía no los encuentran.

Yo miro a esa gente y me es muy difícil mantener la compostura y la ¿objetividad?. Sobre todo porque es algo que me toca tan de cerca. La última noche del año prácticamente no dormí. Estuve hasta las 11 de la mañana buscando a mis amigos, hasta que los encontré y les pude decir un cariñoso y aliviador “¡Pelotudos podrían haber avisado que estaban bien!”.

No se porque en medio de tantos nombres, en medio de tanto dolor, un caso particularmente quedo rebotando en mi cabeza. Es el de Lautaro Blanco, un nene de 13 años que había ido al recital con la hermana y amigos y del cual una semana después nos enteraríamos que es sobrino de un legislador porteño. Una amiga de la mamá de Lautaro está en todos los medios pediendo por favor que si alguien lo vio, llame. Sale ella a buscarlo, porque la mamá está en el hospital cuidando de su otra hija que está internada en terapia intensiva. Según su descripción ese día llevaba bermudas y una remera de los Stones negra con el número 79 en blanco. Vuelve a repetir su número de teléfono y a pedir que por favor la llamen. El teléfono le hace caso y empieza a sonar sin parar. Mucha gente la llama. Le dicen que les pareció ver a Lautaro por televisión. Algunos dicen que tenía remera azul, otros blanca, otros negra, pero en teoría todos concuerdan. Los canales empiezan a buscar los tapes para ayudar, muestran las imágenes que podrían ser de Lautaro, pero no lo son. Lamentablemente al día siguiente, el sábado primero de enero, me enteré que a este chiquito lo habían encontrado muerto. El dolor se acelera en caída libre.

Ibarra sale a desmitificar las culpas del Gobierno de la Ciudad en una conferencia de prensa que dio temprano a la mañana. Mientras tanto, desde Santa Cruz el Presidente por medio de sus colaboradores nos hace saber que hay 3 días de duelo nacional. Eso si, de dar la cara ni hablemos, no vaya a ser cosa que la gente piense que el Presidente tiene gestos de exhibicionismo y lucra con el dolor ajeno. Justo él, que le encanta hacer gestos de exhibicionismo y demagogia.

Muy lejos de allí, acá en la Capital Federal, los padres van del hospital a la morgue, de la morgue a la morgue de la Chacarita, de la morgue de la Chacarita a comisaría o al hospital. Dan vueltas y vueltas, como enlutadas calesitas. Es increíble que algunos tuvieran que esperar hasta 36 horas para retirar el cuerpo de sus familiares. Es increíble como a esta gente que hasta el momento se encontraba ultrajada por el peor dolor en el mundo, ahora también se la empieza a bastardear con la burocracia estatal. Es increíble como a un padre que tuvo que reconocer 5 veces el cadáver de su hijo (porque lo reconocía y lo trasladaban de lado a lado y a cada lugar que llegaba aparecía como NN), un empleado de la morgue le dijo:”Cálmese un poquito, que por culpa de esto yo estoy trabajando en un día de feria” , a lo cual el padre le contestó :” Disculpe, la próxima vez que se me muera un hijo, voy a tratar de que lo haga en un día hábil”. ¿Tan mierdas somos que un feriado vale más que el respeto hacia una persona?

La indignación de la gente crece al ritmo de su dolor. Ellos sólo quieren el cuerpo, nada de autopsias, nada de burocracia, sólo el cuerpo para terminar con el calvario. Pero no seamos utópicos, no esperemos que aparezca Ani a poner en orden las cosas: él ya trabajo por hoy, dio una conferencia de prensa a las 8.30 de la mañana, ahora se merece un poco de descanso después de semejante esfuerzo. Así que, debe estar con su mujer y sus hijos en su paqueta casa de Villa Ortúzar, custodiado por la policía, preparando todo para recibir el 2005 pum para arriba. Año nuevo.

Mientras tanto los familiares de las víctimas se disponen a pasar el fin de año más triste de sus vidas. Ese que nunca se olvida. Recibirán el año nuevo en Viamonte al 2100, frente a la puerta de la morgue judicial, esperando que les entreguen los cuerpos. No olvidemos que de regalo de fin de año el Gobierno de la Ciudad dispuso pagar los gastos fúnebres de todos aquellos que murieron en Cromañón.

Son las doce de la noche, el 2005 ya está aquí. Muchos menos fuegos artificiales iluminaron el cielo de la Capital. Creo que, la mayoría de nosotros dedicó un tiempo en pensar y brindar por esos casi 200 pibes como vos, como yo, que se fueron en cuestión de minutos.

El primer día del año asoma y Ani tiene que hacer acto de presencia. Da una conferencia de prensa (¡otra vez!) en la que anuncia las barbaridades que siguen: 1) Cromañón solamente tiene vencido unos 20 días nada más la inspección de bomberos. Y bueno, según sus dichos no es culpa de él, ya que así como es responsabilidad del conductor cuando le vence la licencia de conducir renovarla para poder seguir manejando, es responsabilidad del dueño del local ir a renovar la inspección de bomberos. (¿No es re-inteligente y re-divino? Miren la metáfora que se mandó, seguro que estuvo toda la noche del 31 pensándola) Además no hay que olvidarse que Cromañón está en regla. Lo que pasa es que el dueño hizo obras y colocó materiales inflamables en el techo sin avisar. ¡Así que, tomá! ¿Vieron que no es responsabilidad del Estado?

2) No se hacen más recitales en lugares cerrados, ya que estos están habilitados para que toquen orquestas, no para que se hagan recitales de rock porque el público se comporta de otra manera inadecuada .

3) No hay más boliches abiertos por 15 días a partir del 4/1/05 (una vez finalizado el duelo nacional) así se controlan que cumplan con las medidas de seguridad (Ani Ibarra le quiere dedicar este punto muy especialmente a todos los que lo conocen y también a todos aquellos que dicen que no labura)

4) Se va a sentar con los dueños de los boliches a negociar las medidas de seguridad (¿vieron que en este país no hay imposibles, todo es negociable?)

5) (Este es mi preferido) ¡La culpa la tienen los bomberos (que no sólo son voluntarios, sino que en la mayoría de los casos no cuentan con los insumos necesarios para realizar su trabajo) ya que ellos son los expertos en incendios! Ani dixit: “Los sistemas de control son selectivos. Nunca se controlan todos los locales. Es imposible: tendríamos que tener el doble de personal” (léase, necesitamos el doble de ñoquis, así afanamos un poquito más). Además agregó que los inspectores no son expertos en incendios, solamente controlan que todos los papeles estén en regla (léase, unos pesitos y todo está habilitado), los expertos en incendio son los bomberos.

Y es así, con estas concretas medidas, el Gobierno de la Ciudad, empieza a evadir y a delegar las responsabilidades que le corresponden. Quiero recordar que estamos en el primero de Enero, los muertos ya son más de 180, y Don K. sigue sin aparecer. Eso si, los familiares siguen esperando los cuerpos, debajo del sol y del calor de verano. La gente, voluntariamente, se acerca a dejar agua y comida, también presta sus baños para que esta gente no pierda la poca dignidad que desde arriba se encargaron de dejarles.

Empiezan a caer los integrantes del Gobierno de la ciudad. Primero fue la jefa de los inspectores, ahora es el turno de Juan Carlos López, secretario (ahora ex) de Seguridad. Dicho en sus palabras: “Cuando hay una tragedia de esta magnitud, alguien tiene que asumir responsabilidades y dar un paso al costado”. Dicho en otras palabras, “hay que huir antes de que se nos venga la noche”.La renuncia de López se produce luego de que alrededor de 1500 personar marcharan de Cromañón hasta la Morgue y desde allí a la sede del Gobierno Porteño.

La gente explotó y se llevó a cabo esta marcha, la primera. Los políticos están más desconcertados que la gente. ¿Qué carajo van a hacer ahora? ¿De qué se van a disfrazar? La indignación popular crece al mismo tiempo que la dureza con que los medios tratan a la clase política (lástima que duro tan poco, por ejemplo el viernes en “America Noticias”, se vio a Graña muy chupamedias hacia el flamante secretario de seguridad J. J. Alvarez. Un poco más y se le caía la baba.)

El primer domingo después de la tragedia llegó y así también lo hizo una nueva marcha. Se juntaron en Plaza Once alrededor de 5000 personas reclamando justicia. La manifestación fue en paz. Mientras tanto el número de fallecidos iba aumentando y no quedaban más NNs.

La primera semana sin ellos.

Lunes 3/1, 18:00, una nueva marcha. Hay el doble de participantes. Alrededor de 10.000 personas se acercan a protestar. No hay diferencia de edad, de sexo, religión o status social. Bebés acompañados de sus padres, jóvenes, adolescentes, padres, abuelos. No hay banderas políticas, aunque intentaron imponerlas. Por una vez se entendió que el reclamo debía hacerse respetando a aquellos que perecieron en el recital, así como también respetando aquellos que están caídos en vida.

No hay casi policías, y los pocos que hay, están desarmados. La protesta se lleva a cabo en paz, aunque en un clima de tensión permanente. Y esa tensión permanente se hace presente cuando un hombre, padre de un chico que falleció en el boliche, se prende fuego a lo bonzo.

La impotencia lo comió. La gente desesperada, intenta apagarlo. Aparece una ambulancia lo lleva derecho al hospital. Y es a partir de ahí cuando los mismos 30 tarados de siempre la pudren. Es que hay gente que no entiende que la violencia genera más violencia. Hay gente que no entiende que la violencia nos separa en un momento en el cual tenemos que estar más juntos que nunca. Hay gente que piensa que con la violencia se resuelven las cosas. Todo terminó con un par detenidos, una vez más le dimos el gusto al Gobierno que nos quiere fragmentar.

Martes 4/1

Llegó el Martes y se rompe el misterioso silencio K. No quería gestos de exhibicionismo, por eso le pareció prudente guardar silencio, hasta que los familiares pudiesen elaborar el duelo. Off the record, se estaba planeando la estrategia política a seguir. Cómo lo iban a sacar a flote a Ani y cómo zafaban de esta. Imagínense que no es fácil para un gobierno que tiene un 60% de imagen positiva, que de repente pase esto y la imagen se caiga al suelo.

Pasaron los días y desde los medios se intentó calmar la situación. Muchos de los que los primeros días parecían indignados, se ablandaron e intentaron bajarle el tono a la situación. Se empezó a buscar al falso enemigo. “Creen que un nene lanzó la bengala” dice un titular de Clarín el día lunes 3/1/05. Que fue un nene subido a los hombros del padre prendió la bengala, que fue un grupo de tres jóvenes que prendió la candela. Que la policía ya esta trabajando en armar el identikit. Que Chaban está deprimido y no quiere comer, que está con asistencia psicológica y psiquiátrica. Que la culpa la tiene Callejeros. Que la seguridad la puso el grupo.

Me pregunto ¿Todo esto importa? Es como el cuento del huevo y la gallina. No importa quien prendió la bengala, los tres tiros o lo que haya sido. Capaz que el que tuvo esa desafortunada idea está entre las 191 almas hasta el día de hoy que se fueron. Pero todo esto, en cambio, ¿ No sirvió para destapar que acá hay una cadena de responsabilidades, en una especie de efecto dominó? ¿No sirvió para destapar, como una patada bien dada, que hay cosas en las cuales estamos fallando como sociedad? Ahora la gente reclama que Ibarra renuncie, ¿pero acaso no vivimos en “democracia” y por lo tanto elegimos a nuestros gobernantes por medio del voto? ¿Acaso no somos nosotros los que vamos a votar?

Además de nuestra responsabilidad civil, creo que una vez más desde los medios -y es indispensable remarcar el papel que juegan en esta sociedad posmodernista del sigo XXI, en la cual la opinión pública se forma en base a ellos- se está usando la estupidez para tapar la esencia de las cosas. Durante los últimos días se pasaron cada vez más notas sobre el horrible calor que azota a Buenos Aires, sobre que estalló la temporada en Mardel, en Punta o en Villa Pindonga. Y cada vez menos sobre lo ocurrido en Cromañón y sobre el papel que juegan los verdaderos responsables acá. Es más se tocaba el tema solamente para contarnos cuantas visitas recibió Chaban en el día, que comió y que sigue muy deprimido o para contarnos que Néstor está muy enojado porque se trató con mucho amarillismo este tema.

Ah… no,me olvidaba: también el tema se tocó para hacerle una gran campaña mediática al flamante secretario de Seguridad Juan José Alvarez, para que nos muestre cuáles sus primeras medidas y para que quede como mártir a partir de que dijo:”El Estado no cumplió con su tarea y es responsable”. Y así poder lograr la empatía con la gente, apelando a que lamentablemente tenemos memoria a corto plazo y que probablemente no recordemos que fue este señor el que era secretario de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires en el 2002, cuando mataron a Kosteki y Santillan.

Probablemente tampoco recordemos, que fue Juanjo, según dicen las “malas lenguas”, quien le organizó los saqueos a Ruckauf en el 2001. Pero que nada de esto nos llame la atención, ya que vivimos en una sociedad que, lo vuelvo a repetir, tiene memoria a corto plazo. Una sociedad que piensa, actúa y siente al vertiginoso ritmo de la noticia de moda.

El martes 4 Kirchner se reunió con los familiares en un encuentro tenso. No es para menos. Los contactaron y los mandaron a buscar en camionetas que cada municipio puso (recordar que la mayoría de los chicos muertos son de provincia). La mayoría concurrió. En ese encuentro les dice: “No quise reunirme con ustedes hasta que hubiesen enterrado a sus muertos. No quiero prensa, ni hacer declaraciones de ocasión, quería verlos cara a cara”.Vergonzoso. ¿Que más se puede decir sobre esto? Siete días de lágrimas

Al fin llegó el jueves 6, el día en que se cumple una semana de la tragedia. Para no perder la memoria, se convoca a la gran marcha. Ese el día en el cual Ani decide reunirse con los familiares de las víctimas; nuevamente vergonzoso, cirquero y oportunista.

El atardecer caía sobre la ciudad y la gente comenzaba a concentrarse en Plaza Once. Nuevamente el respeto se impuso ante las banderas políticas. Había muchísima gente, muchísima en serio. Algunos llevaban banderas rockeras y velas blancas, otros prefirieron las argentinas. Otros en cambio llevaban pancartas con la foto de sus seres queridos exigiendo justicia. Una de esas pancartas impregnó una imagen en mi cabeza que no puedo borrar. Fue la de Silvina Rannieri.

Comienza la marcha y la mayoría de la gente se empieza a desplazar hacia Plaza de Mayo. Prefiero quedarme un rato más en Plaza Once. Me pongo a hablar con algunos familiares, entre ellos la madre de un pibe que falleció. Ella me empieza a contar sobre su hijo y se pone a llorar. No se que hacer. Un dolor me aprieta el pecho. Le ofrezco agua y un cigarrillo. Me pongo a hablar con su otro hijo, que también fue al recital y pudo salir. Me cuenta que fue con un grupo de 12 amigos entre los que estaba el hermano. De los doce, fallecieron cinco.

Empiezo a caminar y escucho un padre dolorido gritando: “Quiero que a Ibarra y a Chaban les den perpetua, sino los mato yo”. Me alejo y veo que está llegando una gran columna. Son los familiares y amigos de Lautaro Blanco. Nuevamente un dolor invade mi pecho. Llegan y la Plaza hace silencio. Empiezan a marchar y la gente se suma (entre los que me encuentro). Hacen un abrazo simbólico a la Plaza, en silencio. Después de ahí emprendo mi viaje, junto a mi amiga María hacia Plaza de Mayo. Allí debemos encontrarnos con Vale, otra amiga que compartimos.

A medida que íbamos avanzando y nos acercábamos más y más a Plaza de Mayo, observamos que hay un gran número de policías y de carros de asalto. Todos ellos se encontraban en pose; esperándonos. Ya venían ensalzados, querían quilombo.

Cuando estamos llegando a la Plaza de Mayo, nos cruzamos a un grupo de Madres de Plaza de Mayo. Ellas, que vienen exigiendo justicia hace más de 25 años, comparten el dolor. Llegamos a la Plaza. Está colmada de gente, aproximadamente 30.000 personas. La gente está en paz; sólo quieren justicia. Del otro lado, la policía sigue en pose, dispuestos a atacar en cualquier momento.

Alrededor de las 11 de la noche empieza la desconcentración. Es pacífica. Se escuchan cánticos, pero sin incidentes. Yo fui marchando con el grueso de la gente. Al mismo tiempo que ellos. Y de pronto me entero de incidentes, esos de los que todos hablaron… Entonces, empezó la represión en Plaza de Mayo. La policía empezó a reprimir, a buscar presos.

Al mismo tiempo que esto sucedía en Plaza de Mayo, lejos de ahí, a 30 cuadras, en Rivadavia y Uriburu, se encontraba la columna principal de la marcha, con los cuales yo venía marchando. De repente nos damos vuelta y no entendemos nada. Se empiezan a encimar sobre nosotros alrededor de 10 carros de asalto, cualquier cantidad de policías y un camión de bomberos. No entendemos nada y ellos se vienen sobre nosotros. La gente no responde. Sigue marchando en paz.

Parece que esta respuesta enojo a la policía, ya que empezaron a tirar los camiones de asalto sobre la gente. Atropellan a algunos (hubo un par de heridos), pero la gente sigue marchando como si nada. Por una vez la inteligencia le gana a la fuerza y la policía no puede soportar esto. Empieza a correr a la gente, a llevarse detenidos.

Llegamos por fin a Plaza Miserere. Debe haber unas 300 personas, que realizan una sentada pacífica para condenar la violencia perpetuada hace unos minutos. Una persona indignada nos empieza contar que es de Merlo, y que hay muchos chicos que fallecieron que son de ahí. Continúa su relato diciendo que fueron a buscar a los familiares de las víctimas en camionetas que puso el Estado y, que como muchas de esas familias son humildes, les ofrecieron cualquier cantidad de plata, autos y casas nuevas a cambio de que no hagan quilombo. No puedo decir que los que estabamos ahí nos asombramos, dado que en este país ya nada sorprende. Pero el mismo sentimiento de indignación nos recorrió el cuerpo de punta a punta.

Nos quedamos todos ahí en silencio, mirando las luces de las velas. El cielo estaba nublado, el viento soplaba y muchas llamas se apagaban de la nada. Así como en un instante, también de la nada, se apagaron casi 200 vidas.

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One Response to “30 de Diciembre de 2004. Una crónica.”

  1. Maria Rosa Di Nuzzo December 31, 2011 at 12:34 am #

    Gracias por compartir TU SENTIR!!!

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