La salchichera y otros mitos urbanos

5 Jul

Cuando éramos chicos, crueles, íbamos al colegio y entendíamos mucho menos de la vida que ahora,escuchar y reproducir rumores fue matriz fundamental de nuestra socialización.

En este contexto hubieron 4 rumores (o mitos urbanos) que particularmente marcaron a la generación de los 90s, estigmatizando gente y sometiéndolos a la locura causada por el miedo y las pandemias.

Es por esto que hoy voy a refrescarles la memoria evocando el lado oscuro de su pasado…y rememorando cosas que deberían quedar olvidadas.

Leyendas Urbanas


La salchichera:
Iba a tu colegio, a mi colegio, al colegio de todos ustedes…Casi como una figura omnipresente, cada establecimiento educativo tenía su  salchichera.

La salchichera era esa persona que, por algún motivo, no era aceptada socialmente o no encajaba con sus compañeros: según la variación demográfica y sociocultural del colegio en cuestión, podía ser la “ñoña”,  la “rara” o la “petera”, que en un momento de autosatisfacción había optado por una salchicha congelada como elemento consolador. Esta al entrar en contacto y fricción con sus partes más íntimas, se había descongelado y partido, quedando una de sus mitades en su interior.

El mito de la salchichera tenía su variante, en la cual el embutido era cambiado por una banana.

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Cuidado con el coordinador de tu viaje de egresados:

Ah…los viajes de egresados…esa semana de tu vida en la que te vas a un lugar lejano del control de papi y mami, con personas a las cuales no vas a volver a ver en tu vida para emborracharte, tener sexo desenfrenado y hacer idioteces lo suficientemente perjudiciales para tu salud.
Durante los 90s proliferaron las empresas que ofrecían packs de viajes de egresados, …y también el terror al SIDA.

El coordinador del viaje era una personaje con algún tipo relevancia social, siempre dispuesto a conquistar a jovencitas colegialas que estaban en la búsqueda de un amor para toda la vida. Y es así como se genera este rumor urbano.

Cuenta la leyenda que todos tenemos la amiga de una amiga (o la hermana de la amiga de una amiga) que viajaba a Bariloche para vivir ese momento mágico que es el viaje de fin de estudios. Allí es donde conocería al coordinador de su grupo: un joven guapo, apuesto y seductor.

La joven colegiala no pudo evitar sucumbir ante sus encantos y controlar sus hormonas…y es así, como una noche, post boliche ambos terminaron en una habitación del hotel, haciendo el amor. Por supuesto era la primera vez de ella.

A la mañana siguiente, la joven se levanta y el coordinador ya no está. Ella se siente rara, confundida…pero feliz por haberle entregado su flor al que seguramente será su amor para siempre. Al girar la cabeza, encuentra sobre su mesa de luz una rosa roja con una nota. El romanticismo la invade. Temblores recorren su cuerpo mientras agarra la nota para leerla. De repente todo se borra: “AHORA VOS TAMBIÉN TENES SIDA” dice el papel escrito a mano. Fin de la historia.

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La mancha de café:

El amigo de un amigo (o el hermano de un amigo), estaba tomando un café en un bar porteño, al cual entra una chica que lo deslumbra.Ella es única, como sacada de otra época. El intenta acercarse y lo logra. Charlan animadamente.

El pide otro café y cuando el mozo se acerca, en la excitación del momento, el amigo de un amigo (o el hermano de un amigo) en cuestión vuelca la bandeja y esta cae sobre la ropa de la chica, generándole una mancha de café sobre su inmaculado vestido.

Una escena de histeria invade el lugar y ella sale corriendo, olvidando su campera. Nuestro enamorado protagonista nota este detalle y empieza a buscar en la campera algún indicio de quien es esta chica. Encuentra un papel con una dirección y decide ir hasta allí.

Al llegar a la casa (muy antigua y abandonada) toca el timbre. Un hombre muy anciano abre la puerta. “Hola, vengo a devolverle esta campera a Johanna. Acabo de tomar un café con ella y se la olvidó”.

El anciano lo mira como desconcertado y le responde: “Nuestra querida Johanna murió  hace 30 años tras una larga enfermedad, creo que usted está confundido. Está enterrada en el cementerio de la Chacarita”. Tras esto, cerró la puerta.

A esta altura el amigo de nuestro amigo (o el hermano de nuestro amigo) se encuentra confundido.Decide escabullirse de noche en el cementerio para buscar la tumba de Johanna. La encuentra…y como un profanador de tumbas, decide desenterrar el ataúd para ver el cuerpo. “No puede ser verdad que esté muera”, piensa. Cuando finalmente logra abrirlo…encuentra la tapa del sarcófago arañada (indicios que había sido enterrada viva), un esqueleto con un vestido inmaculado…y una mancha de café en él.

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El teléfono público es una venérea:
En los 90s el celular era un símbolo de status y lo más cercano a telefonía móvil eran los teléfonos públicos. Es por eso, que estaban en todas partes.

Es en esa década, también, que el SIDA era el gran enemigo público y, aparentemente, también estaba en todas partes. Cuenta la leyenda que un hombre, totalmente marginal, estaba tan furioso por haber contraído HIV que lo único que deseaba es que todo sufran y pasen lo que el estaba viviendo. Es por eso que colocaba agujas con sangre en el orificio para sacar las monedas en los teléfonos públicos. ¿El objetivo? Que la gente se pinche e infecte con su sangre.

Había variaciones de la historia, que cambiaban el teléfono público por areneros o asientos de cine.

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